Atención centrada en la persona

Atención centrada en la persona
26 feb 2018

La atención centrada en la persona significa situar a la persona usuaria en el lugar central del proceso de cuidados.

Pretende que las decisiones y la organización del servicio se tomen  y se orienten desde las necesidades, derechos y preferencias de las personas.

Este enfoque no ha de interpretarse como una infravaloración del papel de los/as  profesionales ni debe conducir a ignorar sus necesidades. Todo lo contrario. Desde la ACP el conjunto de profesionales se reconoce como un elemento imprescindible que hay que valorar y apoyar.

Desde la ACP se enfatiza la relevancia de diversos profesionales pero desde un rol diferente al tradicional, donde el acompañamiento y el empoderamiento de las personas que precisan apoyos sustituyen a modos de hacer directivos. Quiero destacar dos de los cambios que, a mi juicio, deben ser asumidos cuando se cuida o interviene desde la ACP.

Los profesionales pasan de “hacer por” a “hacer con y para…”, de “decidir por” a “decidir con y para…”. Se puede decir que dejan de ser expertos/as prescriptores para ser expertos/as “capacitadores, acompañantes, veladores de derechos y buscadores de apoyos”. En estos nuevos roles cobra gran importancia el despliegue de habilidades relacionales con la escucha activa, con la comunicación potenciadora (no detractora) o con saber identificar y proporcionar oportunidades y apoyos capacitadores.

Los beneficios para los profesionales son más mayor satisfacción laboral, reducción del estrés laboral y además, una menor  incidencia del síndrome del quemado.

No deberíamos perder de vista que una parte no desdeñable de los conflictos que se producen en los centros, entre profesionales y personas usuarias o familias, tiene mucho que ver con los modelos de atención existentes.

La atención y los sistemas organizativos institucionales donde la orientación a las personas es escasa, donde se prima el protocolo y la uniformidad, donde las personas opinan y deciden sobre muy pocas cosas y  donde no hay tiempo para conversar, acaban siendo altamente nocivos no solo para las personas usuarias sino también para quienes allí trabajan. El clima laboral de estos centros suele ser negativo, los profesionales tienden a implicarse poco, solo asumen las tareas mínimas exigibles, no actúan desde la proactividad, el desarrollo personal y la creatividad se ven mermadas, las relaciones de confianza se pierden  y la comunicación fluida y positiva (entre ellos, con los superiores, con las familias, con las personas usuarias…) brilla por su ausencia.


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