La familia en la Residencia

La Familia en la Residencia
01 feb 2019

La atención centrada en la persona considera a las familias de las personas mayores como “aliadas” indispensables en el cuidado profesional. Cuando la persona se vSiluetas familiaa a vivir a una residencia, la familia debe tener la opción de seguir estando cerca y cuidando, siempre que la persona mayor así lo desee. La relación y colaboración que se construya, depende en gran medida, del modo en que desde el centro se ve y se acoge a las familias.

Las familias deben ser los grandes “aliados” en el cuidado, sin que por ello la persona mayor pierda su papel de agente principal y, con ello, se vea mermada su autonomía.

No siempre resulta fácil ya que partimos de una cultura paternalista hacia las personas mayores donde tanto profesionales como familias tendemos a decidir  por el bien de ellas pero sin ellas.

Es necesario estar atentos a las necesidades y demandas de cada familiar, para así poder prestar todo nuestro apoyo y colaboración. En definitiva, deberemos facilitar la expresión de afectos y crear un clima de comunicación fluido y sincero entre el residente, la familia y los profesionales. El objetivo ha de ser que el sistema familiar interaccione con el institucional desde la colaboración y la participación.

Está suficientemente demostrado que los vínculos familiares moderan la vulnerabilidad de la persona mayor frente a las diferentes situaciones estresantes que tienen lugar en su vida.

La familia adquiere una importancia capital y, no solo para evitar las pérdidas vinculares que se pueden producir en la persona mayor cuando ésta no siente la proximidad de sus parientes, sino también, porque la familia ha de ser objeto de intervención para lograr su integración.

Por ello, desde la residencia tendremos que desculpabilizar, formar, capacitar y motivar, para lo cual será requisito imprescindible implantar canales abiertos de comunicación para ofrecer espacios de diálogo abierto y sincero.

El papel de la familia en la residencia ha de ser valorado como principal e insustituible. A veces se sobreentiende que la familia pierde importancia en el cuidado y es todo lo contrario, lo único que cambia es la manera de afrontarlo. La residencia no debe pretender jamás suplantar a la familia sino que se han de complementar en el cuidado, respetando sus opiniones y estableciendo, una comunicación sincera, “auténtica”, para ir disipando progresivamente la inseguridad familiar.

Parcelar los cuidados, distribuyendo responsabilidades, es decir, se asignan unas determinadas funciones a la residencia y otras a la familia, no es lo más idóneo. Evidentemente, existen áreas en las que la entidad familiar va a ser más apta para resolver determinadas inquietudes, y que en otras cuestiones, será la institución quien pueda solventarlas de forma más resolutiva. Pero solo desde la mutua ayuda se puede ofrecer bienestar a la persona mayor y mejora continua en el modelo de atención y las relaciones.

Finalmente, la singularidad de cada familia considerando que sus aspiraciones y requerimientos van a ser diferentes a lo largo de su estancia en la residencia nos lleva a no olvidar que el proceso de acomodación de la familia nunca concluye.

En una organización que busque el bienestar de las personas no existen puntos finales. 


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