Testimonio familia del Sr. Castro

Testimonio familia del Sr. Castro
18 ene 2016

Desde el primer día que llegué a Cugat pregunté si podía entrar cuando yo quisiera, si podía subir a su habitación, si podía participar en las actividades que realizaba, en definitiva, si podía compartir con él cualquier situación. La respuesta, siempre era positiva.

Todos los espacios de los residentes podían ser compartidos por todos los familiares o amigos. 

Al principio le dejaban salir a pasear solo, hasta que se desorientaba. 

Era difícil cambiar la dinámica de una persona tan social, es decir, prohibirle salir. A veces los profesionales del centro tenéis más miedo que los familiares.

Se sentía como en casa pero con todos los servicios.

Sabía que se cuidaban de él porque me pedían enseres de higiene. Era la certeza de que todos estaban haciendo su trabajo adecuadamente pero además sentía que había un plus. Es importante traerle su colonia, su desodorante, sus cuchillas… eso marca la diferencia.

Yo soy profesor y puedes tratar a los alumnos bien, pero cuando una estudiante ha estado enferma con gastroenteritis y le preguntas: Cómo estás? Dejas de ser el profesional, para ser persona.

El plus del que hablaba era este, lo trataban como una persona y esto es difícil con personas mayores. No sólo un trato de cómo tiene que ser, sino que existe un valor añadido; trabajadores que lo trataban como si fuera su padre, nada de palabrería, lo hacían de corazón.

Las actividades que se realizan en el centro para mi gusto son poco enriquecedoras a nivel intelectual aunque también comprendo que la generación de mi padre no ha ido a la escuela, y el tipo de entretenimiento que a ellos les gusta es más del tipo dominó, bingo, cartas…

Ver a la educadora social haciendo el payaso, pasándoselo bien, una cocinera que no sólo cocina sino que viene al comedor a comentar la jugada con los residentes, el de mantenimiento que solía venir a charlar con mi padre. Un trato que, muchas veces es imperceptible, pero existe.

Como yo venía a diferentes horas, veía las interacciones diarias, con todo el equipo.

En este centro hay un buen hacer, un cariño y una dedicación de la gente que trabaja que da gusto de ver, y se agradece muchísimo. 

Este valor añadido en el que te sientes que eres más que un cliente, ya que existe un sentimiento de familiaridad y humanidad.

El trato de Cugat es como el que a mí me gustaría tener cuando sea mayor.


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