Muchas de las personas que entran en la residencia, han sido cuidadas por sus hijos, hasta que han entrado en el centro, sobretodo en las mujeres, que se repite el rol de “cuidador”, un patrón heredado que implica que su función principal es asistir a los demás. Son personas que se pasan la vida velando primero por los hijos, a menudo por las parejas y más adelante por los padres, lo que significa una vida entera al servicio de otros. Pero…

¿Quién cuida al cuidador?

Estas personas se olvidan de lo más importante: su propio cuidado. Al no atender sus necesidades están renunciando a lo que desean, por hacer lo que creen que deben hacer. A menudo posponen el tiempo para ellas por mandatos  y normas sociales no escritas, pero establecidas desde hace mucho tiempo.

Hemos de trascender a esos “mandatos”, hemos de evolucionar y ser capaces de cambiar.

No es fácil, son muchos años haciendo lo mismo….

Nos encontramos en la llamada generación ndwich,   término acuñado por el psicólogo estadounidense Quaeshi Walker. Con él se refería al segmento de la población de entre 35 y 55 años aproximadamente, que por sus circunstancias socioeconómicas se ven obligadas a cuidar a sus hijos mientras atienden a sus padres y/o suegros, encontrándose, metafóricamente, presionadas en medio de dos compromisos.

A pesar que nos han programado para sacrificarnos por los demás, los actos de nuestra vida deben estar ausentes de sufrimiento y sobretodo de culpa.

No podemos pretender ejercer siempre el rol de madres y padres.

Si no te centras primero en ti, difícilmente podrás lograr un proyecto de pareja. Desde la residencia, queremos haceros ver que las personas mayores necesitan relacionarse con sus iguales, y realizar actividades acordes a sus gustos, los hijos, tienen que adoptar el rol que tienen, el de hijos, ir a visitarlos, estar el tiempo que quieran con ellos, y disfrutar de la adaptación de ellos en el centro, y  dejar el rol de cuidador a los profesionales de geriatría.