El envejecimiento es una etapa más de la vida de cada individuo. Sin embargo, en nuestra sociedad, los ancianos pierden esa individualidad y son vistos como un “homogéneo”, englobado en lo que se llama “las personas mayores”. Así, sin más, se dispersa y se reduce el valor de la historia individual de cada uno. Llegados a la vejez, las posibilidades de elegir se ven detenidas por un entorno que decide por la persona.

Parece como si, para nuestra sociedad, el paso del tiempo y una larga vida pusiera en duda la sabiduría de la experiencia, el valor añadido de tener una larga historia cargada de experiencias y de pérdidas. 

Muchas veces se ve a los ancianos solo como personas en una etapa final de su vida que merma sus facultades, y eso los infantiliza sin valorar el recorrido vital cargado de experiencia que conlleva envejecer.

El maltrato a las personas mayores sólo ha sido reconocido como problema mundial recientemente. 

Cugat tiene “tolerancia cero” con situaciones que impliquen un trato inadecuado por parte de alguno de sus profesionales.

El trato inadecuado ha sido abordado desde distintas perspectivas, basadas en tres ejes fundamentales que erosionan su dignidad y su calidad de vida, ya sea por la actuación de otras personas intencionalmente, ya sea por la omisión en su atención o cuidados.

Todo esto se resume en una ausencia de respeto e igualdad por una razón de edad.

Hablamos de personas que en la vida cotidiana no toman decisiones que garanticen una adecuada calidad de vida, dejando al descubierto cualquiera de las áreas del digno desarrollo de la persona, y que tampoco cuentan con red de apoyo familiar o social que se las proporcione.

No satisfacen sus necesidades básicas, tales como salud, higiene y alimentación, por carecer de recursos de cualquier tipo, ya sea por falta de ingresos, por desconocimiento de los recursos sociales disponibles, etc.

Conocer la historia de vida es clave en el planteamiento de cualquier tipo de acción, desde los sistemas de protección social hasta la concienciación ciudadana. Hay que tener en cuenta también que la vida depara acontecimientos imprevistos, circunstancias sobrevenidas que desestabilizan al individuo o a su red de apoyo familiar.

A la vista de lo anterior, hemos de concluir que la calidad de vida de la vejez requiere que nuestra sociedad trate a las personas mayores como lo que son: ciudadanos adultos con capacidad de decisión. Esto incluye su derecho a tomar decisiones que conlleven riesgos, así como a rechazar la ayuda y la atención que precisan.

Todo ello provoca que los trabajadores sociales encuentren dificultades para intervenir en los malos hábitos o las negligencias que sufren las personas mayores, ya sea por la actuación de su entorno o por sí mismos.

A base de repetirse en el tiempo, estas situaciones se hacen crónicas en sus vidas, y es mayor el esfuerzo que le supone al anciano cambiarlas que el beneficio o la mejora que cree obtener a cambio.

 Cugat Residencial, es un proyecto de vida para personas, cuidamos a nuestros mayores en su última etapa de la vida, teniendo en cuenta sus gustos, ofrecemos todo tipo de comodidades, queremos una vejez con dignidad, y proporcionamos a las personas los cuidados en base a sus preferencias, elaboramos un proyecto de vida, el residente elige en qué actividades desea o no participar, pero también selecciona la decoración de su habitación, la hora que quiere levantarse, lo que quieren desayunar, el menú que desea comer y “hasta qué ropa se quiere poner”. Con este punto lo que se consigue es que la persona, independientemente de su situación, mantenga el poder de decisión sobre su propia vida.

Los residentes  también pueden coordinar con el médico y la enfermera del centro “cómo desea ser cuidado en caso de que su salud empeore”. Asimismo, participan de forma activa en la promoción de su salud, que se atiende de forma multidisciplinar con médico, enfermera, trabajadora social, psicóloga, educadora social y  fisioterapeuta.

Para nuestros residentes, Cugat es su hogar,  la decoración del centro es cálida, cuadros, plantas, espejos, sillones cómodos…. Así como  acceso a Internet, prensa, televisión o radio como medios para que los mayores mantengan su vínculo con el mundo

Cugat garantiza el bienestar, respeto y dignidad de sus residentes, asesoramos en cuestiones tan sensibles como las últimas voluntades, consejos adaptados a la situación de cada persona con el único objetivo de que puedan vivir más y mejor.

Asemejan muchos de nuestros residentes el centro a un hotel con servicios asistenciales, y se pretendemos eso, que vivan con la mayor comodidad, y que tengan el control de su vida, que expresen sus opiniones y sugerencias, respetamos sus hobbies, preferencias, actividades que les motivan y llenan su vida de plenitud y armonía.